jueves, 5 de marzo de 2015

Aprendí a ser mujer y desaprendiendo ya no me identifico con el género.



Aprender es una capacidad con la que nacemos y a la cual recurriremos por el resto de nuestra vidas de manera constante y reiterativa. Aprender es un proceso, recurso, ejercicio y camino inherente a la existencia, que nos resulta inevitable aunque no obligatorio. Incluso desde antes de lo que recordamos, hemos estado aprendiendo una cantidad de cosas que hoy nos hacen comportarnos de determinada manera, y nos definen en quienes estamos siendo, sin que esto quiera decir que seamos por esto “producto terminado”, pues en la medida en que seguimos aprendiendo, nos vamos transformando y por ende vamos siendo otros en nosotros mismos, todo esto gracias al aprendizaje.

Sin embargo con las diferentes experiencias que hoy hacen parte de mi historia, he aprendido que hay momentos en la vida en donde desaprender resulta aún más importante y necesario para mi propio proceso de transformación, o de formación quizás. De construcción de mi ser cambiante, evolutivo y consciente.  He aprendido que desaprender es un camino a veces más complejo que el de aprender, pero que a la misma vez resulta mas constructivo, no solo para mi como individuo, sino para mi como colectivo de la comunidad a la que pertenezco. Y todo esto porque finalmente es así como se constituyen las creencias, las costumbres, las tradiciones y las “verdades” sociales: a través del aprendizaje que alguna vez alguien tuvo y que lo llevó a comportarse de determinada manera, que sirvió de ejemplo para que otros aprendieran y a su vez estos sirvieran de ejemplo para otros y otros, hasta constituir sociedades, culturas, creencias y demás, basados en lo que en algún momento fue un aprendizaje individual, que con seguridad respondió a una situación específica de una experiencia personal de alguien, que posiblemente ya ni si quiera esté y cuya situación tampoco tenga lugar en el presente.

No hay nada más constante y transversal en la historia de la humanidad que el cambio, y resistirnos a el es atentar contra nuestro propio desarrollo. De ahí que aprender y desaprender se convierte en una necesidad o condición sine qua non para adaptarnos a la temporalidad en la que vivimos, o si quiera para sobrevivir a ella, si es que con eso nos contentamos. Aceptar los cambios es aceptarnos dentro de la historia y comprometernos con hacer parte de ella sin convertirnos en simples observadores de la misma. Y proponer cambios es además retar al aprendizaje o des aprendizaje que abre las puertas a nuevas alternativas, a nuevas posibilidades que en ocasiones y orientadas de una manera coherente con el bienestar de la colectividad, se convierten en importantes aportes, en soluciones al dolor humano y en cura para esas enfermedades del alma que tanto golpean al mundo y a nosotros sus habitantes.

Todo lo anterior podría ser el marco teórico que me construí para sentir que lo que escribiré a continuación no es una simple carta abierta de una mujer preocupada por sus congéneres, y en cambio si un manifiesto de mi inconformidad con ciertas cosas que hemos aprendido y que es hora de desaprender para seguir creciendo, no en una lucha de sexos, no en un alegato para defendernos de chistes, comentarios y hasta leyes que nos agreden como mujeres, sino en una  construcción incansable de una sana convivencia entre seres que mas allá de su género somos, venimos y vamos a lo mismo. Somos almas merecedoras, dignas y únicas, en procesos que van a ritmos diferentes y por eso sometidas a experiencias diferentes, en cuerpos diferentes, con sexos diferentes, pero finalmente todas unidas por el infinito poder del amor que crea, cree y quiere, y que nos tiene hoy aquí y ahora.

Mi sexo es femenino, lo que quiere decir que mi cuerpo tiene las características físicas u órganos propios de este sexo en mi especie, la humana. En otras palabras mi sexo femenino hace parte de los rasgos innatos que me conforman, no es algo que aprendí. Si me preguntan en cambio por mi género, respondería que femenino, que soy mujer, que me identifico con la concepción social de lo que ser de sexo femenino significa, es decir fui educada y por eso aprendí a cumplir con ciertos roles y adoptar comportamientos exclusivos para las mujeres como usar maquillaje, cuidar del hogar, ser sensible, expresar públicamente mis sentimientos, ser delicada, no usar la fuerza para relacionarme, buscar protección, servir y estar siempre dispuesta a ayudar, entre otras cosas.

Mi género es femenino y soy mujer orgullosa y afortunadamente. Pero debo confesar que no quedaría del todo contenta con mi respuesta, aunque se que al decirlo corro el riesgo de ser tildada de lesbiana, machorra y quien sabe que otras cosas más. Pero lo hago porque gracias a algunos aprendizajes y otros desaprendizajes, me siento en la obligación de aclarar que si vamos al detalle no me identifico completamente con la concepción social de lo que ser de sexo femenino significa o por lo menos de lo que he aprendido y ahora empiezo a desaprender. Soy mujer y me siento atraída por los hombres. Amo mi sexo, mi cuerpo y además lo acepto, a pesar de que en el pasado libré muchas batallas en su contra por sentir que no cabía dentro de la perfección que había aprendido a valorar, y que ahora considero sencillamente incomparable con mi perfecta imperfección de cicatrices, gordos, estrías y acumulación de grasa donde para algunos no debería estar.

Soy mujer y aprendí a serlo con modelos un poco salidos del contexto social en el que crecí, y es tal vez por eso, entre otras cosas, que digo que no me identifico completamente con mi género o para decir mejor, con la concepción social que ha constituido un género femenino bien diferente al que yo quisiera que mis hijas aprendieran, si es que tengo la fortuna de ser mamá de niñas algún día. (y con esto replanteo mi antiguo deseo de solo traer hombres a este mundo para evitarme el fascinante reto de criar mujeres diferentes pero ante todo felices.)

Soy mujer y disfruto de este bendición por encima de todas las dificultades y desafortunadas limitaciones que socialmente esto significa. Soy mujer y aprendí a serlo rompiendo con estructuras sexistas gracias al ejemplo de mi mamá y también de mi papá, que me permitieron descubrir mi sexualidad y construir mi género sin restricciones de roles ni capando mis habilidades, gustos o intereses. Crecí viendo a mi mamá desarrollándose como una profesional exitosa y compitiendo en un mundo de hombres donde ascendió gracias a sus capacidades intelectuales, las cuales alimentó y aún alimenta con estudios, investigaciones y constante contacto con la academia. No por eso dejé de verla cociendo nuestros disfraces o disfrutando de una fiesta  con sus amigas del colegio. Aprendí con ella a usar un taladro, presentar una declaración de renta, hacer la reserva en un hotel en el exterior y comprar boletas para una obra de teatro. La vi llorando y sacando fuerzas para seguir adelante. La acompañé a levantarse, la animé a volver a empezar y lo hice con ella. Siempre ha sido mi trampolín, mi malla de rescate y mi gasolina.

Con mi papá aprendí a desenredarme el pelo, montar en bicicleta y pedalear dirigiendo la ruta hacia donde yo quiera, aun cuando eso implicara marcar un nuevo camino, abrir brechas donde antes no había paso. Crecí buscando figuras en las nubes recostada en su pecho y limpié muchas lagrimas de sus mejillas que se escapaban cuando me contaba historias que una vez alguien le compartió o que él recordaba haber vivido. Crecí viéndolo cumplir con sus compromisos y aprendí por eso el valor de mi palabra. Me enseñó a medirle el aceite al carro para reconocer cuando había que cambiarlo, a arreglar la parabólica y  otras cosas de la casa que suelen dañarse con el uso o abuso diario. Aprendí que no hay maestro sin alumno y que todo alumno termina enseñándole al maestro, porque al final la misión de los dos es la misma: aprender.

De los dos aprendí a ser. Aprendí a ser mujer y amar mi existencia. Pero las lecciones más importantes que recibí de ellos trascienden sin duda alguna mi condición femenina de cuerpo y de acción; son las que hoy me sostienen en quien soy y en quien estoy siendo y posiblemente en quien seré, sumado a las experiencias que viva que me seguirán enseñando y de las que también tendré que desaprender.

Mucho de lo que aprendí con ellos me confronta con lo que aprendí de otros modelos, del común y más popular modelo ser mujer  que la sociedad concibe, ese que por sus aprendizajes o tal vez la ausencia de ellos, hizo que el sexo femenino adoptara determinadas conductas o roles, que constituyeron un género femenino particular con el cual no del todo me identifico, aceptando la critica social que decir esto me pueda costar. Por cierto hago una aclaración: NO NOS CULPO ni mucho menos a las mujeres, nos hago responsables y por eso mismo capaces de transformar y modificar en nuestro beneficio y no en contra de otros, un género hermoso, multifacético y cambiante, como todo.

Porque hay muchas cosas del género femenino “tradicional” con las que no me identifico y veo nocivo para la realidad actual del mundo y de las mujeres, del nuevo género. No me identifico con un género femenino débil que busca en el otro protección, salvación y seguridad. No aprendí a ver en los hombre héroes o medias mitades que me completan, porque además no veo que me falte media de mi. Aunque reconozco que no estoy terminada como lo mejor que pueda ser, reconozco también que no lo seré por el complemento de otro, mas si por los aprendizajes que su compañía me pueda generar.

Haber crecido con un hermano mayor por 18 meses fue una invaluable lección que me permitió encontrar en él compañía, camaradería y soporte mutuo. Me permitió descubrir todo lo que yo soy capaz de hacer sin importar mi sexo; que fuerza no solo es lograr treparte con tus manos y sin una silla como apoyo en la rama mas alta del árbol sino también sobrevivir a una semana entera sin papás para hacer tareas, combatir las pesadillas o hacer los ajustes del mercado. Aprendí también a aceptar mis limitaciones y pedir ayuda cuando la necesito sin sentirme menos que él, porque además él también se sentía cómodo buscándome cuando sentía que yo podía algo que él no. Por eso comprendí que puedo sola, pero que es rico tener con quien compartir, y que cuando no puedo está bien buscar ayuda sin esto hacerme dependiente o incapaz.

Tampoco me identifico con un género femenino sumiso, permisivo y pasivo. No creo que la voz mas fuerte sea la que tenga la razón, porque aprendí que las ideas se defienden con argumentos no con gritos y mucho menos con golpes. Las ideas son producto del trabajo de la mente y las mentes no tienen sexo, por lo que pueden venir de cualquier cuerpo, que sí lo tiene. No creo en un género femenino que se caya para evitar el conflicto con los hombres y no retar así su poder o fuerza, pero que entre mujeres sí alza su voz para demostrar eso mismo su fuerza o su poder. Aprendí que el diálogo es un puente que conecta dos partes y que indiferentemente al tipo de partes, la palabra lo transita para construir y crear relaciones. 

No me identifico con un género femenino egoísta, individualista y envidioso. Un género que fue enseñado a la competencia y no a la hermandad. No veo en las demás mujeres una amenaza que me haga querer apagar su luz para que brille la mía, y por eso no estoy de acuerdo con la falta de solidaridad de género que nos convierte en juezas radicales y constantes de nuestras colegas, compañeras y hasta amigas. Crecí viéndome de igual a igual con mi hermano. Por encima de las diferencias físicas que eran evidentes, éramos un equipo en el que juntos todo lo podíamos. Los retos se hacían más emocionantes cuando compartíamos nuestras habilidades y reconocíamos en el otro sus fortalezas para sacar provecho de ellas oportunamente. Así mismo me relacionaba con mis primas, diferentes a mi y sobresalientes por sus talentos pero no por eso mejores o peores que yo. Nunca las vi como una competencia y en cambio nos hicimos aliadas en nuestras aventuras, permitiéndonos ser cada una tan cada una como quisimos, ayudándonos, apoyándonos y sobre todo acompañándonos. De ahí que no vea la necesidad de rotular o catalogar despectivamente a otras mujeres que hagan elecciones diferentes a mi y que sobresalgan por otros atributos o talentos que yo no tenga.

Mucho menos me identifico con un género femenino hipócrita, mojigato y culposo que tiene que castigar la manifestación de sus hormonas y silenciar sus deseos. Aprendí a respetar mi cuerpo y disfrutarlo sanamente sin tener que reprimir mis emociones pero valorándolas y haciéndolas respetar. No creo que el sexo sea un secreto aun cuando haga parte de la intimidad; por eso me atrevo a hablar de ello con hombres y mujeres sin sentirme cochina, impura o puta.

Recuerdo a mis papás demostrándose cariño con besos, caricias delicadas y miradas profundas, por eso valoro el contacto físico y encuentro en esto una manifestación especial de mis sentimientos. No por esto niego que mis hormonas no se enamoran y reaccionan a otro ritmo diferente al de mi corazón y mis sentimientos; que tengo pensamientos sexuales y que siendo mujer también soy capaz, como los hombres, de separar el sexo del amor y no meter al corazón en la cama, aún cuando no sea lo que prefiera hacer. Reconocer esto no me hace sentir culpable, ni me hace una perra, ni una cualquiera. Me hace tan humana y consciente de mi anatomía como cualquier otro ser vivo que se reproduzca a través de la actividad sexual, con la diferencia del control que yo tengo sobre mis deseos, mis intensiones y sobre todo mis decisiones y el valor que le confiera a los hechos, es decir no se lo doy a cualquiera. Tampoco me siento con la autoridad de determinar el punto sano o correcto de cómo manejar, compartir o utilizar nuestro cuerpo; tengo mi criterio pero respeto a la que no lo comparte y acepto sus decisiones sin llamarla zorra, puta o regalada.

Hay, como las que mencioné, otras cosas con las que no me identifico con el género femenino y aún así me siento feliz de ser mujer, de tener este sexo y de vivir mi feminidad a mi manera. Aprendí a ser mujer en esta sociedad y ahora empiezo a desaprender otras cosas mientras sigo aprendiendo y disfruto de hacerlo. Pero también pienso que si debo ser definida por mi género, tendré que seguir haciendo una aclaración, por lo menos mientras el género femenino sea educado bajo la concepción tradicional que pareciera resistirse al cambio y que niega una equidad en los derechos de los seres humanos. Derechos ajenos al sexo, como a la raza, la religión, lengua, origen, creencias etc..

miércoles, 7 de enero de 2015

Y a propósito de propósitos...

Con la descubierta de la hoja de enero en el calendario, también se revela en nuestra mente una lista, a veces innumerable, de imágenes, acciones, anhelos, metas, que esperamos materializar o ver materializados a lo largo del año. Y luego de 12 meses transcurridos, nos sentamos nuevamente con la lista de frente, descubriendo que a diferencia de lo que creíamos, no está del todo chuleada, muchas veces ni siquiera la mitad de ella lo está y ponemos cara de sorpresa como si algo ajeno a nosotros hubiera fallado, pero que es lo que realmente pasó, por qué no se cumplió?

Me atrevería a decir que el éxito o fracaso de esa lista comenzó desde el momento en que le pusimos un título, sin realmente reconocer la diferencia o el significado de lo que allí escribíamos; por eso y con el fin de colaborar a que el próximo diciembre sean más las caras de satisfacción por lo logrado que las de resignación por lo que pasó, voy a compartir lo que para mi ha funcionado hasta el momento y es el método que he utilizado para acumular el mayor número de renglones chuleados por lista. Pero antes quisiera advertir que esto no es una fórmula infalible y que pueda no funcionar en todos los casos, pero que creo que tiene mucho que ver con la convicción y compromiso con que elijamos vivir y llevar siempre la lista debajo del brazo, no como cadena de fuerza pero sí como guía y luz del camino que emprendamos cada mañana al despertar.

Primero quisiera comenzar por aclarar algo básico pero a veces confuso, y es la diferencia entre propósito y deseo, porque es desde aquí que considero empiezan los problemas que nos afectan con la tarea. Un deseo es un anhelo que va siempre relacionado a un sentimiento, podríamos pensar que es el resultado de una emoción ya experimentada o conocida por referencia. No deseamos lo que no conocemos o sabemos que existe, y cuando lo deseamos es porque eso genera en nosotros una sensación placentera que satisface nuestro cuerpo, y a niveles mas profundos nuestro ser. Un deseo puede inclinar nuestra voluntad hacia determinada acción pero no es en sí un plan que ejecutemos para alcanzar algo, es simplemente la mentalización de eso que queremos.

Por otro lado, un propósito es un objetivo que nos planteamos para ser alcanzado durante un periodo de tiempo y espacio determinado. Es la intensión que tenemos de hacer algo para obtener algo a cambio, ya sea de índole material o espiritual. El éxito de nuestros propósitos esta directamente relacionado con el grado de compromiso que tengamos para cumplirlo; pero evidentemente no es este el único factor que lo afecta, también entran a jugar un papel importante factores como nuestra naturaleza, que determina ciertos límites biológicos que no podemos ignorar, nuestras destrezas o competencias y sobre todo nuestra capacidad y disposición para aprender y desaprender.

Teniendo en cuenta lo anterior, es fácil entender porqué no es lo mismo ni es indiferente escribir Mis deseos para 20XX o Mis propósitos para 20XX, pues es una cuestión que va más allá de la semántica y que tiene que ver si se quiere, con la “instrucción” que nos estamos dando respecto a esa lista que con tanta esperanza y energía hacemos.
Al titular la lista Mis deseos para 20XX, estamos exteriorizando, manifestado nuestros antojos, generalmente materiales, para ese periodo de tiempo. Lo hacemos con la esperanza o cierta confianza de que así se dará como respuesta del universo a nuestra petición, pues en realidad no tenemos muchas intensiones de hacer lo suficiente o algo si quiera para que estos deseos se vuelvan realidad, porque además posiblemente tampoco sabemos que podríamos hacer para que se dieran. Los deseos se convierten en aspiraciones que reúnen lo fantástico y lo ideal con lo posible y lo real dentro de un mismo paquete que pasa a ocupar un lugar netamente pasivo en nuestras agendas. Deseamos con convicción y entregamos esos deseos a la Voluntad Divina o al Universo asumiendo que eso ya es suficiente, y entonces nos sentamos a esperar a que lleguen a nosotros  por la virtud del merecimiento.

Y no está del todo equivocado pensar que así será, siempre y cuando esos deseos tengan un objetivo o cumplan con una función que esté alineada a nuestro plan, o mejor a ese Plan dispuesto para nosotros. Somos dignos de recibir todo aquello que nos sea imprescindible para cumplir con nuestro proyecto de vida; sin embargo también tenemos la responsabilidad de propiciar el espacio y el momento adecuados para que esto pueda llegar a nosotros de forma oportuna. 

Es completamente válido tener todo tipo de deseos del carácter y la dimensión que seamos capaces de imaginar, pero sólo debemos contar con que se harán realidad aquellos deseos por los cuales estemos dispuestos a entregar algo a cambio, no porque todo tenga un precio o deba ser luchado sino por el simple hecho de que nunca podremos sujetar algo nuevo mientras tengamos las manos ocupadas.  La medida de la posibilidad de los deseos se da en consecuencia de su utilidad para nuestras vidas, que en ocasiones parecemos no entender, especialmente cuando vemos que pasa el tiempo y nada que se dan.

Desear no es asegurar una nueva realidad, es solo abrir la puerta para que sea posible. El camino que une ese deseo con nuestra existencia es la combinación de acción, convicción, pasión y compromiso, que todos residen única y exclusivamente en nuestro interior y cobran vida gracias a la fuerza de los sueños y la energía de la magia que no se puede explicar ni razonar, solo experimentar con fe. De ahí que nuestra lista de deseos sea una lista creativa e impresa con pasión, pero a la vez alineada y coherente con nuestro proyecto de vida, con nuestra ruta, que como todo, puede y debe cambiar como respuesta a nuestros aprendizajes y desaprendizajes también.

Y ahora volvamos a los propósitos. Al titular la lista Mis Propósitos para 20XX  estamos casi que diseñando un mapa de navegación que nos conducirá hacia esa persona que queremos ser, hacia ese cargo, relación, estado, lugar etc… Podríamos decir que los propósitos son de alguna manera la forma en que podemos aportar a que nuestros deseos se vuelvan realidad; es la parte que está en nuestras manos y de la que somos responsables para que estos sucedan.

Hacernos un propósito es plantearnos un reto que pone a prueba ciertas capacidades y nos exige entregar nuestro mejor esfuerzo, que siempre se verá recompensado ya sea por la satisfacción del objetivo logrado o por el aprendizaje que el proceso nos habrá aportado. Todo propósito tiene un sentido y valor personal que no necesita ser validado o aprobado por nadie, pues lo que para alguien puede parecer intrascendente, para otra persona puede resultar crucial y en ambos casos tendrán la razón.

Como todo propósito requiere y demanda de un esfuerzo determinado, es importante priorizarlos de tal manera que podamos enfocar nuestra finita energía adecuadamente, para así no tener que renunciar a ninguno. Reconocernos íntegramente con nuestras limitantes y nuestras competencias, es la mejor manera de enfrentar los retos que cada propósito representa, sin asustarnos ni caer en la tentación de abandonar el camino. En la medida en que somos capaces de aceptar que siempre habrá algo nuevo que aprender y que estamos en un constante proceso de auto creación, lograremos disminuir la brecha que nos separa del feliz término de nuestros objetivos e incrementaremos nuestro poder dejándonos maravillar con lo que hasta entonces nos era desconocido.

Cuando exponemos nuestros propósitos, mas que ponerlos en riesgo o incrementar su vulnerabilidad, estamos permitiendo que lo que en algún momento respondía a un objetivo personal, entre a ser parte de un objetivo colectivo, lo que automáticamente nos permitirá recibir ayuda y apoyos estratégicos que nos liberen cargas para re direccionar nuestra energía hacia otros propósitos igualmente importantes.  Un propósito colectivo suele estar más cerca de ser realidad en tanto tiene a su disposición  mayor energía y atención; pero igualmente corre el riesgo de que el exceso de manos disponibles, lo pierda al dejarlo caer por entre los dedos de no haber el contacto suficiente entre unos y otros.

Ahora bien, pasando a la práctica comenzaré a contar la manera en que a mi me ha funcionado hacer mi lista de propósitos y deseos para iniciar un año y que espero les haga algo de sentido y les sirva para hacer la suya propia. No sin antes recordar nuevamente que ésta no es la única forma, es simplemente una forma más de la que doy fe, puede funcionar.

Empecemos entonces por los propósitos. En una hoja lo suficientemente limpia como para poder escribir claramente esa lista que estaré revisando constantemente a lo largo del año, hago un cajón con dos columnas amplias. En la primera columna pongo como título PROPÓSITOS y en la siguiente ACCIONES. Empiezo a enumerar mis propósitos dándole prioridad a aquellos con los que siento mayor compromiso o los que de alguna manera me significan un reto mayor. Por qué? porque con seguridad asimismo serán los beneficios que obtenga tras su cumplimiento. Una vez haya escrito todos los esos propósitos, nunca menos de 4 ni más de 8, al frente empiezo a escribir posibles acciones que me puedan ayudar a cumplir con ese propósito, tratando de que éstas sean muy concretas y específicas. Voy a poner un ejemplo que no corresponde con la realidad pero que ilustra claramente lo que quiero decir:
Propósito:
Ocupar el 10 puesto en la Maratón Atlética de la ciudad.
(Aquí expuse claramente el objetivo final que aspiro alcanzar)
Acciones:
+ Correr 4 veces por semana durante 3 meses y 5 veces durante los siguientes 2 meses previos a la maratón.
+ Incrementar mi masa muscular en un 8% con respecto a la actual.
+ Visitar un médico deportólogos que me oriente con el estiramiento adecuado para el ejercicio.
(Como pueden ver, las acciones pueden involucrar a terceros y no siempre hacen referencia a mis capacidades físicas tanto como a las condiciones del entorno en el que pretendo llevar a cabo dichas acciones.)

Cuando he completado las dos columnas, leo la hoja en silencio y nuevamente en voz alta para mi misma,  visualizándome en el momento en que ya los he cumplido y dejando que mi cuerpo sienta esa sensación tan placentera de satisfacción. A veces me ayudo trayendo a mi mente algún otro recuerdo de un propósito ya conseguido y lo revivo haciendo un movimiento leve y consciente que me ancle a ese momento, por ejemplo una pequeña palmada en la espalda acompañada de una sonrisa. Y esto para qué? pues bien, en planos todo luce perfecto pero cuando se trata de acercarnos a la realidad, aparecen las dificultades que nos hacen perder el interés o las ganas de continuar trabajando por ese propósito. En esos momentos es bueno volver a recordarnos esa deliciosa sensación y para eso usamos el ancla: volver por medio de ese movimiento leve pero consciente, en este caso la palmada en la espalda acompañada por una sonrisa, a experimentar en nuestro cuerpo la satisfacción que nos motivará a seguir en la marcha.   

Después de hacer este ejercicio, ubico la lista en un lugar lo suficientemente visible como para tenerlo siempre presente, pero lo suficientemente seguro como para que no se dañe con el paso de los días. Como pueden ver no es nada del otro mundo, es solo un orden diferente y tal vez más consciente de hacernos contratos personales con remuneración personal y supervisión personal; es una forma de disfrutar de la caminata con cada paso que damos sin esperar a  gozar solo al momento de la llegada a la meta.

Y en cuanto a los deseos, bueno en esa lista me permito algo más de libertad y mayor flexibilidad, pero no por esto menos compromiso o pasión. Empezando porque no lo hago a manera de lista sino más bien de dibujo o lo que es más conocido como mapa de sueños. En el centro ubico una imagen que represente mi mayor anhelo para ese periodo de tiempo específico, por ejemplo un corazón en caso de que sea el amor el mayor protagonista de mis días. Elijo un protagonista sin decir con esto que descarte otros factores, solo haciendo énfasis en que ese será mi motor, mi mayor movilizador durante mis actividades.

Una vez haya determinado ese centro, dejo que sea según mi intuición, la creatividad del momento la que me permita seguir ubicando a su rededor todo aquello que a consciencia, y por a consciencia quiero decir conectada no desde mi individualidad sino desde mi aporte con un gran colectivo y alineada con mi plan de vida, llegue a mi mente en forma de deseo.  Aquí quisiera detenerme para aclarar que no está mal tener deseos de beneficio personal, en lo absoluto, y que tenerlos no quiere decir tampoco que no estemos aportando con ellos a un bienestar colectivo. A lo que me refiero cuando hablo de deseos a consciencia, es de esos deseos que no sólo satisfacen un anhelo físico puntual o quizás fugaz, sino que con su llegada aportan a mi crecimiento como ser humano y por ende al bienestar colectivo. Hablo entonces de todo aquello que construye, que crece e inspira y que llena más que un espacio físico, que no responde a una necesidad superficial sino que alivia o recompensa el espíritu.

Junto a cada deseo que pinto, escribo o recorto y pego, hago una pequeña marca personal para darle mi toque, un toque de unidad a todos los deseos para que estos mantengan una conexión entre ellos y de esta manera logre yo con asertividad armonizarlos en mi vida sin perder el equilibrio entre unos y otros.

Estamos con esta última indicación llegando ya al final de este texto pero no quisiera terminar sin antes recordar que por encima de todos nuestros deseos y de todos nuestros propósitos, existe ya en nosotros un sentido de vida que nos hace estar aquí y ahora, y que la mejor manera de descubrirlo es atreviéndonos a vivir desde el servicio, desde la compasión de vivir en un solo cuerpo atado a millones de almas hermanas que nos hacen el todo del que somos parte.   



viernes, 22 de agosto de 2014

Soy una mujer buscona, desesperada y regalada!

Viviendo en esta hermosa sociedad he aprendido grandes cosas, entre ellas el significado de algunas palabras que describen, al parecer, personalidades o maneras de ser de las personas en general, a las que llamamos características. Pero hay ciertas de estas palabras que me llaman mucho la atención por como varía su sentido según el género de la persona a la que describe, es decir si esta es hombre significa una cosa o si es mujer otra, y también sucede que si tal o cual comportamiento viene de una mujer se le dice de una manera y si viene del hombre se le dice de otra.

Curioso esto, en el sentido en que siempre pensé que las características se referían al objeto o sujeto descrito y no a su género o condición sexual. Pero para hacer un poco mas claro lo que digo, utilizaré algunos ejemplos que me parecen algo comunes y pueden ilustrar esto que digo he aprendido. 

Supongamos que en una situación cualquiera un hombre y una mujer son presentados y los dos quedan con el número telefónico del otro. Esta mujer sintió una atracción por el hombre y un día decide llamarlo para invitarlo a salir y lo hace. El hombre algo sorprendido acepta la invitación y salen, por decir cualquier cosa, a comer. Después de esta salida en la cual los dos se sienten muy cómodos, la mujer decide volver a invitarlo a otro plan porque siente algo más fuerte esa atracción.

Para esta segunda oportunidad, el hombre se hace un poco el difícil pero termina aceptando y salen. Vuelven a tener un encuentro agradable en donde hay algo más de contacto físico pero no un beso aún. A este punto de la historia algunos creerán que me he equivocado y que he escrito mujer donde debe ir hombre y al revés, pero no, en esta historia así sucedió. La mujer está evidentemente interesada en seguir conociendo al personaje y todo parece indicar que a él no le es indiferente tampoco. Planeando una tercera invitación se abren dos conversaciones que vistas desde afuera parecieran ser las mismas:

La mujer: llama a una amiga a contarle la situación y la respuesta que encuentra es, si lo llamas vas a sonar desesperada, va a pensar que eres una buscona. Espera mejor a que sea él el que te busque, no hay que mostrar el hambre.
Después de estas palabras, la mujer duda en hacer esa llamada para una tercera invitación.

El hombre: después de un partido de futbol y entre una cerveza y otra le cuenta a su amigo que esta mujer lo está buscando, que han salido y que la cosa suena interesante. El amigo le dice algo así como esa vieja tiene ganas, necesita que le hagan la vuelta. Piense bien porque le vieron cara de novio. Después de esta conversación el hombre empieza a pensar, o mejor solo piensa por un minuto porque no se queda analizando mucho el tema, si así es ahora después puede ser mas intensa aún y compromiso noooooo, yo no estoy pa’ compromisos.   

El comportamiento de esta mujer por ser mujer es catalogado como el de una mujer: buscona, desesperada, ganosa, intensa etc…
Este mismo comportamiento pero en un hombre sería catalogado de: valiente, esta interesado, quiere algo, respetuoso porque no se lo pidió de entrada etc..

Resulta que cuando una mujer es la de la iniciativa y da el primer paso para por lo menos intentar una relación, ella está necesitada, pero cuando es un hombre esta tragado o por lo menos interesado. Si una mujer propone el primer beso después de una salida relajada, está ganosa y quiere sexo, si es el hombre el que después de una caminada o una comida bacana se despide con un beso, es un caballero. Si la mujer llama o inicia una conversación por whatsapp está mostrando el hambre, pero si esto lo hace un hombre, él está buscando pista o tanteando el terreno cortésmente.

Según estas descripciones las mujeres estamos condenadas a esperar, a disponer después de que el hombre propone, a aguantar el impulso que provoca un buen encuentro y a disfrazar el interés para que no suene a desespero. Las mujeres debemos seguir cumpliendo el rol de pretendidas sin intentar pretender a un hombre que nos interesa porque entonces estaríamos mostrando necesidad, y esa necesidad es la puerta para que nos usen o abusen.

El papel de princesas que esperan a su príncipe azul, no al que quieren sino al que las corteje porque es a ese al que sin opción, amarán o rechazarán, y no al que realmente quieren enamorar, porque a ese no lo pueden ir a buscar, definitivamente no le queda bien a todas las mujeres. No en especial a esas mujeres que como yo no queremos un hombre que nos vea como su mayor posesión sino como su mejor compañía; que no buscamos que un hombre nos adore como a esculturas, sino a uno que nos respete y nos admire como talentosas bellezas.  

Y si por querer tener como compañero de vida a un hombre de verdad, de los que se equivocan y amanecen con mal aliento, de esos que dicen groserías cuando se pegan en el dedo gordo del pie o cuando se les atraviesa un carro; a los que se les pasan de vez en cuando las fechas especiales, o que te sorprenden con una cartera del color que no sale con nada, que te hacen una comida algo pasada de sal; si por querer a un hombre que lo único azul que tiene es la uña machucada o por aceptar que a veces es bueno ser la primera en atreverse y buscar espacios para la conquista, y si por no quedarme sentada a que suene el teléfono y ser yo la que llame cuando un hombre me interesa, si le demuestro que me resulta atractivo y que lo encuentro interesante, si por todo eso seré llamada regalada, atrevida, lanzada o desesperada, pues llevaré con orgullo mi título porque prefiero ser feliz con mis imperfecciones que frustrarme buscando una perfección que no sería capaz de sostener o peor aún, conformarme con el que me miró y con el pretexto de que “peor es nada” aceptar al que me busca, en vez de arriesgarme a ir por el hombre que yo elija, sabiendo que existe el riesgo de que no sea mutua la atracción y también que hay hombres que se encartan con mujeres que tienen determinación.  Prefiero ser llamada buscona que negarme la oportunidad de encontrar lo que deseo…   


martes, 27 de mayo de 2014

Fragmentos de una carta de renuncia en una noche de cocina espontánea

De la misma manera en que hoy abrí la nevera y me aventuré a "reciclar" un poco de todo lo que estaba empezado, para cocinar un plato de esos que no tiene receta pero manifiesta lo que piensa el corazón y lo que siente la mente en una noche como estas o como las otras. De esa misma manera me atreví a escarbar en el buzón de cartas no enviadas y saqué a la zar un fragmento de una carta de renuncia, que al parecer estaba y aún está esperando tener un destinatario, porque el remitente irresponsable no ha querido ponerle sello postal y quizás nunca lo haga por el bien de la humanidad. 

Tomé el sobre con cuidado, pues las lágrimas de su usuario, lo habían debilitado. Y como jugando a la detective, sin pensarlo dos veces lo abrí sin romper la pestaña que lo cerraba. Saqué las hojas que en él reposaban y con esa pícara curiosidad de un niño que se acerca al árbol la noche de navidad esperando descubrir que hay detrás del papel de regalo, me apresuré a leer las lineas que a puño y letra se habían escrito hace... no se cuanto tiempo ni en qué lugar, pues la tinta de la primera parte había sido víctima de unos ojos sudorosos. 

En medio de tachones, remates y borrones algo así logré transcribir: 

"... Pero si has conocido el dolor, como te atreves a causarlo? No espero que respondas esta pregunta, porque tal vez oírla de tu boca sería aún mas duro que seguir pensándola en mi mente. Tampoco espero que genere en ti una consciencia a la que te niegas; entonces tal vez la hago solo para liberarme de esta tensión que me causa el no poder reclamarte o tan siquiera enfrentarte. 

No se trata de comparar sentimientos ni mucho menos de medir sus dimensiones, si es que existiera la posibilidad de hacerlo. Ahora comprendo o  mejor acepto muchas de las cosas que me quise negar para intentar por los dos eso que jamás iba a funcionar, pues ya está claro que el hecho de que ames con todo tu ser no es garantía de que el otro lo perciba y mucho menos de que lo sienta, si quiera en una pequeña fracción. 

Digamos que no es por cansancio que hoy desisto de escribir esta historia, porque de amarte jamás me cansaría y por demostrártelo todos los días moriría. Digamos que es por respeto que hoy elijo no insistir más en sembrar rosas en el desierto, ni recargar las pilas de las estrellas para que nunca te falte luz, aún en las mas oscuras y temibles noches. Digamos que es por camaradería y solidaridad con tu proceso que hoy renuncio a mi deseo de ser para ti lo que quise fueras para mi. Como verás, hasta el ultimo minuto pensando en tu bienestar.

Hoy prefiero abrazar la historia y fundirla en mi pecho como lo que recuerdo, aún cuando en el fondo sepa mi corazón y registre mi mente que la mayoría de esos momentos han sido manipulados a mi antojo para que encajen en mi cuento de este amor que nunca fue o que, tristemente al parecer yo inventé.

Queda en mi ser una profunda alegría de haberlo intentado. Queda en mi boca un dulce sabor de los besos que hoy dejas a mi porque al final nunca te di, pues tu no los recibiste. Sin embargo los siento dulces, los siento puros, los siento intensos y profundos. Y es que no podrían ser de otra manera cuando fueron fabricados con las mejores fibras de mi corazón. Se además que no se quedarán esperando que llegue la fecha de su vencimiento; llegará un caballero cuya armadura ya se haya oxidado y los recibirá sin confidencias, orgulloso y agradecido por el amor recibido.

Creo que ya no es hora de agradecerte, las gracias te las dará la vida cuando recibas de vuelta lo que me entregaste, yo ya he hecho lo suficiente. Me siento en paz y a tiempo de seguir viviendo con las lecciones aprendidas. Me siento en forma de seguir caminando por otras tierras y dejando huellas donde haya peregrinos que las quieran apreciar. También me siento en la obligación de decir lo que siento con tranquilidad, no para culpar ni recriminar, pues aunque parezca absurdo no te he dejado de amar y lo que menos quiero es hacerte daño… aunque qué estoy diciendo? Si ya esta claro que no es de impacto en tu existencia ni mis palabras ni presencia. Me siento responsable de hacerte ver, por si no lo has notado, que mi alma abrazó la tuya mas allá del cuerpo, en el momento en que la vida nos dio la oportunidad de amarnos.  

Y si es que estás despistado y algún día abres los ojos, por favor no me pidas que vuelva para tu comodidad, porque se que eso es para ti mi compañía. Tampoco intentes alcanzarme con pretextos para tranquilizar tu consciencia y limpiar tu hoja de vida, ya es tarde para ti y justo a tiempo para mi... "

Llegué a la cebolla y el wok empezó a despachar su olor por toda la cocina! Creo que hay más candidatos para mi creación culinaria de los que había presupuestado, pero bueno cuando hay corazón las porciones generosamente se multiplican ; )